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Un criador brasileño de búfalos habla de su propia experiencia

Jonas Camargo de Assumpçao*. 1988. Revista Mundial de Zootecnia, Nº 65.

*Director de la granja Boa Vista en el Municipio de Tietê,

Estado de Sáo Paulo, Brasil.

 

Cuando comencé a trabajar en la cría de búfalos a escala muy reducida hace unos 18 años, la comunidad agrícola brasileña tenía en general una idea equivocada de esos animales. Las diferencias de opinión eran absolutas, incluso fanáticas: unos totalmente a favor y otros totalmente en contra.

Algunos campesinos decían que los búfalos eran animales extraordinarios, prácticamente inmunes a todas las enfermedades conocidas del ganado. Se llegaba a afirmar que los búfalos preferían siempre pastar en especies herbáceas no seleccionadas por otros animales de granja y que producían leche con alto contenido de grasa en el período crítico entre las cosechas (y que su leche era, sobre todo, un afrodisíaco). Afirmaban también que incluso después de 20 partos seguían en buenas condiciones para seguir pariendo. Como consecuencia lógica, se afirmaba que sustituirían definitivamente en el Brasil a la costosa raza Holstein frisona como animales lecheros.

No es que los que se oponían a los búfalos fueran moderados en sus afirmaciones. Sostenían que no había vallas que se les resistieran y que en las granjas habría que trabajar las 24 horas del día para controlar a los animales, pues de otra forma no se encontraría un búfalo en los pastos al llegar el día. Hablaban de sus pezuñas, que destruían una cantidad de hierba que bastaría para alimentar una vaca, mientras que ellos mismos consumían el equivalente de dos. Describían a los búfalos como animales salvajes, feroces y peligrosos, que, en el mejor de los casos, sólo podían domarse a medias. Su carne, decían, era tan estropajosa que sería inaceptable su comercialización.

Ante tantas opiniones erróneas sobre los búfalos, es fácil imaginar cuáles eran mis sentimientos cuando comencé este trabajo: una mezcla de euforia y de auténtico miedo, debido al mal conocimiento de esta especie. Hoy día han cambiado mucho las cosas, pero todavía existe cierto grado de información inexacta. Mi granja está situada cerca de la carretera asfaltada que conecta Tietê con Porto Feliz y, en la entrada principal, hay un cartel que anuncia la presencia de "búfalos Jafarabadi". Se trata de una región próxima a la ciudad de Sáo Paulo, cuyos habitantes la conocen y compran en ella terrenos para edificar casas donde transcurrir los fines de semana o acondicionar pequeñas explotaciones. A menudo se me presentan los vecinos con toda su familia en busca de un par de búfalos que coman las malas hierbas que crecen en los estanques enfrente de sus casas, convencidos de que prefieren esas malas hierbas a los suculentos pastos verdes que tienen para sus caballos. Decepcionados al saber que los búfalos son suficientemente inteligentes como para pastar en praderas pobres sólo cuando no tienen otra cosa mejor que comer, mis vecinos acaban retirándose. Hay incluso visitantes que creen que los búfalos comerán las plagas que invaden la granja. En una reciente subasta en Tietê, un comprador adquirió varias parejas de búfalos. Cuando alguien, curioso por el hecho de que hubiera comprado tantos machos, le preguntó la razón, le respondió con tono autoritario que los búfalos eran monógamos.

La comercialización de la carne de búfalo sufrió inicialmente los efectos de una falta general de información correcta. Hace bastantes años, un carnicero de mi ciudad anunció que iba a vender carne de búfalo al día siguiente. Curiosamente, la mitad de los clientes no pasaron ese día por la calle de la carnicería, y probablemente los otros que lo hicieron se taparon la nariz, pues pensaban que la carne de búfalo tenía un olor desagradable. En cambio, parte de los clientes de otras carnicerías vinieron a comprar la carne, sabiendo que era de calidad superior. Esta opinión tan equivocada es muy rara hoy día. En la ciudad de Sáo Paulo existe ahora una carnicería muy famosa donde los cortes especiales de carne de búfalo son más caros que los de vaca. Es muy difícil distinguir entre la carne de búfalo y la de vaca, incluso en las diversas pruebas y ensayos especiales que se han realizado.

Estos hechos dan una idea de la falta de información correcta que ha existido. En la actualidad hay una comprensión y un conocimiento de los búfalos mucho mayores. Observando la situación retrospectivamente, podría considerarse como un milagro la forma en que ésta ha cambiado efectivamente para mejor. De hecho, hoy es posible considerar como una opinión firmemente aceptada que el búfalo es una posibilidad viable en muchas regiones del mundo en que se cría ganado vacuno, y posiblemente la única posibilidad en zonas pantanosas.

La Asociación Brasileña de Criadores de Búfalos, fundada en 1981 por un pequeño grupo de criadores, se encarga del libro genealógico de los búfalos. Aunque en la India se conocen 15 razas diferentes, en el Brasil se crían sólo cuatro:

Carabao. Esta raza (conocida también como búfalo de los pantanos o ruano) casi se ha extinguido en el Brasil, y ahora se encuentran pocos animales. Fue el antepasado del búfalo de río o común. Son animales pequeños, con una capa de pelo pardo claro o amarillento y un collar de pelo blanco en la base del cuello. Son de carácter muy terco. Tienen cuernos largos, que arrancan horizontalmente hasta que al final se curvan hacia arriba. Se utilizaron mucho como animales de tiro en la agricultura, para arrastrar pesos y para la monta, especialmente en la isla de Marajó, en el extremo nororiental del Brasil.

Mediterránea. Esta raza no se encuentra en la India. Aunque el concepto de raza es a veces artificial, este grupo está reconocido por la Asociación Brasileña de Criadores de Búfalos como una raza distinta, que incluye animales parecidos a los que llegaron al Brasil desde Italia. Son de tamaño medio, no muy compactos y de pelo negro. Constituyen la base de la cabaña de búfalos del Brasil, por lo que el empleo de la palabra búfalo suele referirse normalmente a esta raza.

Murrah. Se trata de la raza de conformación más compacta, de tamaño medio y pelo negro. Tiene una cabeza casi rectilínea y cuernos cortos que forman una pequeñas espirales cerradas. En la India es una raza lechera, y es una de las más extendidas en el Brasil.

Grupos Jafarabadi. Este grupo incluye las variedades Gir y Palitana y sus cruzamientos. El búfalo Gir es de tamaño medio o grande, menos compacto, de pelo negro y frente convexa. Los cuernos son largos, crecen hacia abajo y hacia atrás, con una curvatura abierta de tamaño medio o grande al final, terminando en dirección ascendente. Los machos pueden llegar a pesar 1.000 kg y las hembras 750 kg.

Palitana. Es el grupo o estirpe más grande del Brasil. Los machos llegan a pesar 1.400 kg y las hembras 1.000 kg, con una conformación menos compacta que las otras estirpes del Brasil. Es el ejemplar más exigente en cuanto a nutrición. Tiene una cabeza grande, con una frente muy convexa de corte rectilíneo y cuernos de tamaño medio, gruesos y fuertes, que crecen hacia abajo y hacia atrás y que tienen una curvatura cerrada en dirección ascendente. En la base de los cuernos hay una reserva de grasa, que desaparece a medida que el animal va envejeciendo. Sus ojos están hundidos.

La granja de Boa Vista tiene la estirpe Gir de búfalo Jafarabadi, que se destina a la producción de animales selectos para la reproducción. Los machos no idóneos para la reproducción se venden apenas alcanzan el peso apropiado para el sacrificio (de 450 a 500 k de peso vivo). La cabaña de hembras es pequeña, de 200 a 250 animales aproximadamente.

En el Brasil, la mayoría de los grandes criadores de búfalos, magnates de la industria, seleccionan a sus animales por la productividad (leche o carne) mediante heterosis, cruzando diferentes estirpes de la misma raza y edad. Los aspectos de la alimentación y la higiene están mejor organizados, por lo que es mayor su eficacia reproductiva, se reduce la mortalidad y la edad para alcanzar el peso de sacrificio, y el hecho de obtener mayores beneficios aplicando medidas para elevar la productividad garantiza unas considerables ganancias financieras.

Quienes se dedican a la selección de animales que se venden para la reproducción tienen un trabajo más difícil, si bien más gratificante y fascinante, ya que, independientemente del manejo, ya descrito, tienen que aumentar la productividad y el rendimiento de sus animales y a las características de la raza. La homocigosis, bien controlada para obtener una productividad alta con características buenas de la raza, constituye, naturalmente, el sueño de todos los criadores que quieren mejorar la calidad de los animales.

Ante el considerable crecimiento de los hatos de búfalos en el Brasil (particularmente en la región sudoccidental), puede suponerse la gran responsabilidad que incumbe a los criadores que se ocupan del mejoramiento genético con objeto de obtener buenos animales para la mejora efectiva de los hatos que se crían extensivamente en otras regiones del Brasil.

Para los búfalos tenemos una superficie de 180 hectáreas de pastos tropicales de calidad media en zonas relativamente accidentadas, por lo que no es posible mecanizar las operaciones en gran parte de la zona. La explotación se limita prácticamente a esos pastos, que constituyen la única fuente de alimentos, salvo en el caso de toros jóvenes seleccionados, que reciben un suplemento limitado durante una parte del año. Todos los pastizales tienen pequeñas charcas o arroyos, que permiten a los animales refrescarse, manteniendo la piel húmeda y la temperatura del cuerpo constante, ya que tienen la piel de color negro y un número reducido de glándulas sudoríparas.

Las hembras preñadas suelen buscar un lugar escondido entre los arbustos para parir y a veces permanecen ahí dos o más días. Por lo tanto, antes del parto procuramos transferirlas a pastos en donde no haya arbustos, hierba alta o escondites, para poder prestar prontamente asistencia a los recién nacidos. Hay que evitar las zonas próximas a aguas profundas, como los alrededores de las presas, pues existe el peligro de que los terneros de uno o dos días puedan morir ahogados. El parto de las búfalas en las condiciones climáticas de la latitud de esta región del Brasil se produce en un período bien preciso, entre enero y mayo. Esto ayuda a que las crías crezcan más rápidamente, ya que en el momento del destete quedan sueltas en pastos verdes, frescos y exuberantes. Sin embargo, las madres tienen que afrontar el problema de la propia alimentación durante la estación seca, en que los pastos están maduros y secos. Los terneros nacidos en enero y febrero se pueden destetar a mayor edad que los nacidos entre marzo y mayo. De esta forma, los campesinos pueden dejar a las hembras que han parido un mínimo de dos meses de intervalo entre el destete y el parto siguiente.

A las crías hay que darles por lo menos tres dosis de antihelmínticos entre el nacimiento y el destete, puesto que se infestan de lombrices con mucha facilidad mediante el contacto directo con el barro y el suelo húmedo y porque las ubres de sus madres están siempre cubiertas de barro. Hay que alejar los terneros destetados de las búfalas lactantes, debido a que éstas aceptan amamantar a cualquier cría.

Durante la estación seca hay que reservar algunos pastos para el hato, puesto que el apareamiento se produce en ese período y conviene recordar que las hembras débiles son más propensas a no quedar preñadas, lo que podría dar lugar a un intervalo de 24 meses entre los partos en lugar de 12 meses, con la consiguiente pérdida importante de beneficios.

Debe haber una proporción equilibrada entre el número de machos y de hembras para asegurar unas tasas altas de fecundidad en el hato. Los criadores que tienen 200 búfalos y que mantienen un buen sistema de explotación pueden conseguir que cada macho cubra a 50 hembras. Sin embargo, en el caso de hatos en régimen de explotación extensiva y con un gran número de cabezas, la proporción no debe superar las 30 hembras por macho. Es frecuente la lucha entre los toros, a menudo con graves resultados. Para evitar problemas hay tres posibilidades:

          mantener grupos de 40 o 50 hembras y un toro juntos en pastos separados que no sean adyacentes;

          criar juntos los toros jóvenes y utilizarlos para la monta en el mismo pasto comenzando pronto, cuando tienen unos dos años, hasta que empiezan con luchas serias (lo que ocurre cuando tienen unos cuatro años). Entonces hay que sustituirlos;

          mantener los machos separados entre sí en distintos pastizales pequeños, o incluso en un establo, y utilizarlos alternativamente para la monta semanalmente o en períodos más cortos.

Es evidente que el comportamiento de los toros es una característica muy importante y hay que tener en cuenta este factor en la selección, ya que es hereditario y sólo deben quedar en el hato los menos agresivos, a fin de que el manejo resulta más fácil.

La inseminación artificial no es todavía en el Brasil una práctica común con los búfalos, debido a que no dieron buenos resultados algunos ensayos que se hicieron. El período de celo en las hembras es particularmente corto y más difícil de identificar que en la especie bovina. La mayoría de los apareamientos naturales se producen a primera hora de la mañana, lo que a su vez hace más difícil la inseminación artificial. El semen del búfalo tiene menos espermatozoides por unidad de volumen que el de los machos bovinos y, hasta ahora, el empleo de machos más agresivos en el Brasil no ha resuelto el problema de la identificación del período de celo en las búfalas.

Al contrario del Brasil, en la India el búfalo se alimenta sobretodo en establo en las granjas lecheras y está cuidado por un número elevado de campesinos, con un promedio de diez búfalos por encargado. Esto les facilita la identificación del celo, puesto que hay una posibilidad mucho mayor de identificar un cambio en el comportamiento de la hembra y se puede informar inmediatamente al servicio de inseminación artificial. En las aldeas, cada familia mantiene de tres a cuatro búfalas, que en realidad forman parte de la familia, lo que  facilita la identificación del celo en las hembras. Sin embargo, incluso en la India, la tasa de concepción utilizando la inseminación artificial es baja.

Hay que recordar que durante los meses de invierno (estación seca) hay que curar rápidamente las infestaciones de garrapatas, ya que, entre otras cosas, los animales sienten prurito y se rascan en postes o árboles, lo que puede ocasionar lesiones. En invierno hay que combatir las garrapatas mediante la debida aplicación de plaguicidas.

Después del invierno hay que destetar los terneros. Esto coincide con la época de pastos frescos y buenos, en donde pueden pastorear las búfalas y los terneros que no den señales de echar de menos la leche. Cuando las novillas tienen 12 meses de edad hay que separarlas de los machos, debido a que pueden concebir fácilmente en esta edad en que todavía no es conveniente para su desarrollo fisiológico, pues la edad óptima de la primera preñez es la de 24 meses. En esa edad es difícil prestar el debido cuidado en el parto, y podrían quedar sin concebir durante el período de celo siguiente.

Todos los machos no seleccionados sementales se trasladan a corrales de engorde (sin pastoreo) y se venden con un peso de unos 480 kg a los 18 meses de edad. Pueden también continuar en los pastizales, pero entonces se venden a los 26 meses, cuando pesan unos 500 kg para el sacrificio.

En el Brasil no hay restricciones sobre la venta de carne de búfalo como consecuencia del precio percibido por los criadores o por la aceptación entre los consumidores. Hoy día, la carne de búfalo se ha creado un lugar en el mercado gracias a su calidad, puesto que procede de animales jóvenes que se sacrifican a la edad apropiada (los vacunos de carne se crían en forma extensiva y se sacrifican con frecuencia a una edad mucho mayor, con 48 meses). Aunque a veces hay algunos conflictos de intereses y prejuicios que pueden ejercer una influencia negativa; la calidad de la carne de búfalo y su precio equilibrado le han asegurado un lugar en el mercado.

Las granjas que producen leche de búfala tienen, por lo general, el mismo sistema de explotación en todo el país. Sin embargo, conviene mencionar que los terneros de búfalo son muy sensibles al sistema de alimentación. Si consumen menos leche de la que necesitan, su ritmo de crecimiento disminuye y es preciso entonces darles proteínas y suplementos enriquecidos con minerales y vitaminas. Conviene eliminar periódicamente las infestaciones de lombrices, a las que son susceptibles cuando permanecen algún tiempo en los establos.

En el Brasil es necesario tener los terneros cerca de las búfalas durante el ordeño, porque de lo contrario la producción de leche disminuye notablemente. En Italia, probablemente como consecuencia de una selección acertada, las búfalas se ordeñan sin necesidad de que las crías estén cerca. Por término medio, las búfalas producen 800 kg de leche al año, pero algunas pueden llegar hasta 2.000 kg al año.

La inmensa mayoría de los criadores de búfalos del Brasil los destinan a la producción de carne y no de leche, probablemente debido a la diferencia de precio al productor a favor de la carne, así como al costo de los piensos para terneros y de los suplementos para las búfalas lactantes.

En mi opinión, los búfalos son, en comparación con la especie bovina, lo que una piedra preciosa en bruto es frente a otra tallada, puesto que la segunda está mucho más cerca de su potencial genético desde el punto de vista de la producción; en cambio, todavía queda mucho por hacer en el sector del mejoramiento genético de los búfalos.

Nuestras novillas son fecundadas a los 24 meses y los primeros terneros nacen cuando tienen alrededor de tres años de edad. Durante los últimos 18 años, de las 569 concepciones posibles hubo 533 nacimientos (93,7 por ciento de fecundidad), lo que parecería un resultado impresionante (calculado sobre la base de todas las hembras de tres años en adelante). Examinando datos recientes de 100 novillas, 14 tuvieron su primera cría a los dos años, 82 a los tres años y sólo cuatro a los cuatro años de edad. Según mi propia experiencia, las novillas que paren a los dos años en general no conciben al año siguiente. Otra ventaja de las búfalas es su longevidad: suelen seguir siendo productivas a los 25 años de edad. Tengo todavía dos hembras de mi primer hato, que iniciaron su actividad reproductiva en 1970; desde entonces siempre han concebido. Muy probablemente seguirán siendo buenas productoras durante muchos años, a juzgar por sus buenas condiciones en el momento presente. La mortalidad de los terneros fue de 6,37 por ciento en los 18 años que llevo trabajando en esta profesión (34 muertes de 533 nacimientos).

El peso al destete es uno de los criterios que empleo para seleccionar los animales. Sin embargo, éste puede variar de un año a otro según las condiciones reales de cada año. En el destete los machos tienden a tener un peso (kg) según la edad (días), mientras que las hembras pesan 15 kg menos que los machos a la misma edad; un macho destetado a los 240 días pesará 240 kg y la hembra 225 kg.

Estimo que la información proporcionada aquí subraya la necesidad de disponer de financiación directa para investigaciones sobre los búfalos, ya que representan una fuente prometedora de proteína de calidad (carne y leche), trabajo y artículos (cuero) para el mercado.

 

fuente http://www.produccionbovina.com/

 

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